Palomitas

Cine El Retiro - Sitges, 13 de Octubre 2017

- No me jodas tío. No puede ser que encuentres bien lo de las palomitas. Me jode tener que aguantar a toda esta panda de gilipollas masticando como cerdos.

- Jajajaja, eres un puto exagerado, tampoco es para tanto. - Jordi intentaba ser comprensivo.

- Y encima los putos cerdos, no van y se compran la ración normal, no. La ración con la que cualquiera estaría más que satisfecho, no. Van y se compran la ración “llevo tres meses sin comer y soy un puto gulas”. Se compran el puto orinal gigante. ¿Quién mierdas es capaz de comerse todo eso y no acabar con un tapón en el culo tío? - parece resignado - En fin, creo que es un puto error que vendan palomitas en el festival. En serio, no le veo el puto sentido.

- Pero míralo como negocio. Al fin y al cabo no deja de ser todo un negocio. Si de esta forma hace que el festival pueda sobrevivir sin problemas será algo que tendremos que asumir. Es lo mismo que los avances que hicieron de crepúsculo y esa pandilla de vampiros guapitos violadores de adolescentes. Te acuerdas las colas que se liaron. Las niñatas esperando horas y horas para saludar al actor ese que no conocía ni su padre. Fue un buen escaparate para los medios. Estoy seguro que ahí vinieron gente que hasta ese día no conocían el festival.  - Hace una pausa y observa la enorme cola de gente que junto a ellos están esperando para entrar a la sesión de las ocho y media. - Ves la cola. - Le hace un gesto a su amigo. - Cuántos de estos no estarían igual de felices si no tuvieran la oportunidad de comprar un buen cubo de palomitas. Creo que hay gente que no sabe ir al cine si no puede comprar palomitas o chuches. Eso es asín. -Hace énfasis en la n final. Aún no entiende cómo se ha podido aceptar en la Real academia de la lengua asín. ¿Qué sería lo siguiente? ¿Poblema?

Jose no parece muy convencido pero resignado sonríe. Los dos saben que quejarse cada año también entra en los planes del festival. Si no fuera así no sería su festival. Este es el primero en que la organización ha puesto una pequeña caseta donde venden ingentes cantidades de palomitas y la aceptación parece alta. A juzgar por las imágenes se diría que en el resto del país la venta de palomitas está racionalizada.

- Sigo pensando que es un puto error. Esto es un festival de cine, no un puto multisala lleno de chonis. Si por mi fuera ya se pueden atragantar todos y morir durante la proyección.

- Pues creo que harían más ruido al ahogarse que al comer palomitas. - responde Jordi con una sonrisa cómplice.

- Me da igual, al menos disfrutaría viéndolo.

Abren las puertas, empiezan a salir todos los espectadores de la sesión que acababa de terminar. La afluencia sigue siendo todo un éxito. Ya lleva varios años donde el éxito del festival es rotundo, la nueva dirección lleva tiempo haciendo las cosas muy bien por lo que a asistencia se refiere.

Ya salen los cuatro rezagados de siempre en cada pase comentando en voz demasiado alta sus opiniones de la película que acaban de ver. Por suerte Jose y Jordi ya han visto la película y les preocupa bastante poco lo que puedan oír, es más, en esta ocasión coinciden cien por cien con lo que se oye. La película es una auténtica basura.

La cola empieza a entrar. Ellos son de los primeros y al poco tiempo ya están aposentados más o menos en la zona donde siempre se suelen sentar.

- Joder, huele a choto.

A estas horas del día las salas pequeñas huelen que alimentan. Es normal. Demasiada gente y demasiado poco tiempo para airearlas.

- Mira tío, todo lleno de palomitas. Es que la gente da mucho asco.

Jordi mira donde su amigo le ha señalado y ve como hay palomitas por el suelo, por las butacas. Cubos gigantes a rayas naranjas y blancas pisoteados, medio llenos olvidados en los asientos. La verdad es que la imagen deja mucho que desear. Es una sensación de suciedad lamentable.

- Si que da asco sí. - Al cabo de unos segundos, como si hubiera recordado algo añade - Pero recuerda como quedaba todo después de los maratones eh?

- Joder tío, pero era diferente, no me jodas. No puedes comprar. Todos sabíamos de qué iban los maratones. Era como un acuerdo no escrito. Podías entrar comida y bebida, eran demasiadas horas para que no te permitieran hacerlo. Y sí, quedaba todo un poco sucio pero ya se encargaban de limpiar para que las salas estuvieran decentes para el día siguiente. Creo que no se puede comprar. Ahora estamos hablando de suciedad en cada sesión. A nivel de organización, si se quiere seguir el calendario de proyecciones, no se puede contemplar limpiar esta mierda cada vez.

Jordi no dijo nada. Sabía que tenía cierta razón. El caso es que ver la película en esas condiciones daba un poquito de asco.

- Y mira, nueva mierda a la vista. Ya llega el ejército come palomitas al completo.

En ese mismo momento un grupo de más de seis personas entran en la sala cada una con un cubo enorme de palomitas.

- Nos espera una gran proyección. - sonríe resignado Jordi.

- Con la suerte que tenemos seguro que vienen aquí a sentarse - dice Jose señalando la fila de butacas de delante.

Por suerte no parecen detenerse justo delante pero lo hacen dos filas más allá. De todas formas antes de que las luces se empiecen a apagar, justo delante de ellos, se sientan dos amigos con enorme cubos de palomitas.

- Estamos rodeados tío - se queja Jose - Por todos lados. Parece una guerra. Nos tienen cubiertos todos los flancos.

Jordi observa y ve que, mire donde mire, siempre ve un enorme cubo de palomitas cerca, preparado para ser masticado sonoramente cerca de ellos.

- Paciencia tio, habrá que tener paciencia - la resignación se reconoce en sus palabras.

Las luces se apagan y algunos de los presentes sueltan los clásicos vítores y gritos, que en su día tenían su gracia pero que actualmente viniendo de quienes vienen parecen perder todo crédito. Sale el trailer del festival y los gritos se intensifican.

Suena una música tensa y se muestra un bosque húmedo. Hay una intensa niebla que empieza a levantarse y silba el viento con fuerza. Se oye el respirar entrecortado, medio sollozante, de lo que parece ser una chica. Se muestra un primer plano de la cara. La chica parece asustada, paralizada, tirada junto a un gran árbol con la cara manchada de arena. Resta atenta, intentando escuchar algo que de momento el espectador es incapaz de detectar. En ese momento se oye una rama crujir y la cara de la chica refleja pánico. El espectador puede oír lo que parecen pasos arrastrándose por la tierra.Los labios de la chica empiezan a temblar, se acerca las manos a la boca para tapar un posible jadeo, cualquier sonido que pueda delatar su lugar.

Una potente luz centra toda la atención de Jose y Jordi. Alguien de una fila en diagonal a ellos ha encendido su móvil, y no precisamente de pantalla pequeña.

- Me cago en su putísima madre. - Jose no da crédito.

Mientras con una mano visualiza lo que parece ser una conversación de whatsapp, con la otra va cogiendo palomitas del cubo que tiene entre las piernas totalmente ajeno a la proyección. Escribe con agilidad con un único dedo. Al terminar de escribir da al botón de enviar y con la misma mano apaga la pantalla. El molesto fogonazo desaparece.

La chica sigue angustiada, la respiración entrecortada por el terror que siente en esos momentos inunda la sala. Se muestran unos pies arrastrándose de forma extraña, no humana, por la húmeda tierra del bosque. Unas botas de piel vieja con unas grandes hebillas de hierro se acercan lentamente al débil escondite de la chica y...

La potente luz vuelve a cegarlos. De nuevo un mensaje de whatsapp. Con la misma agilidad teclea una nueva respuesta y da al botón de enviar. Se apaga la pantalla justo en el momento en que de los labios de Jose se parecía intuir un “Será hijo de…”.

La chica fija los ojos aterrorizada justo delante de ella, en el suelo. Puede ver esas botas que hace un momento se arrastraban de forma extraña. Poco a poco empieza a subir la vista. Ve unos pantalones destrozados por lo que parecen enormes garras de algún ser que…

La luz vuelve a mostrarse en su total esplendor. Justo en ese momento otra pantalla se enciende un par de filas más adelante. Esta vez no es un mensaje de whastapp. En esta ocasión pueden observar perfectamente como aparece el logo de facebook a plena pantalla. Con el dedo pulgar de forma totalmente profesional va deslizando lo que mundialmente se conoce como el muro. Sin ningún problema ojea el muro intercalando con ciertas miradas a la pantalla donde la chica está sufriendo un ataque de pánico. Con la mano izquierda va pescando palomita tras palomita e introduciéndosela en la boca las mastica de forma sonora.

Jose no puede más y se incorpora para acercarse al individuo.

- Perdona ¿Puedes dejar el móvil por favor?

El individuo parece sorprendido y apaga la pantalla rápidamente. Jose vuelve a su asiento. En ese momento el sujeto al que acababa de dirigirse se gira y con un tono poco amigable le espeta - ¿Qué te molesta?

- Pues lógicamente sí, sino, no te lo hubiera dicho. - Le contesta Jose algo irritado por esa reacción. - Tiene cojones el tío - susurra a Jordi.

La oscuridad parece volver a la sala al igual que a la pantalla. La chica está a punto de ver la cara de ese ser que la ha encontrado en su escondite del bosque. La música de tensión va in crescendo.

De repente en la sala se encienden varios móviles atrayendo la atención de todos los que se encuentran en las filas posteriores. En ese momento el individuo que acababa de intercambiar impresiones con Jose se gira y sonriendo le dice:

- ¿Ahora qué? Eh? - dándole la espalda, enciende de nuevo su pantalla y empieza a visualizar su muro de Facebook.

Jordi nota a Jose como se mueve incómodo en su butaca.

- Tranqui tio, no vale la pena.

- Y tanto que vale la pena.

Jose se levanta tranquilamente y cuando Jordi pensaba que se dirigiría directamente al sujeto con el que había tenido el intercambio de palabras, ve extrañado como sube el pasillo hacía la salida del cine y desaparece tras la cortina. Jordi se queda perplejo. ¿Dónde habrá ido? No tiene ni la más remota idea.

La chica ya ha fijado sus ojos en los de ese ser medio muerto que tiene delante. De la boca le emana un olor delirante, de entre los dientes se puede ver una espuma verde espesa corrosiva. Parece que la asquerosa sustancia se le haya comido la poca carne que le queda. La cara de la chica es un poema, las muecas de pánico le desfiguran la cara cuando ve levantarse por encima de la cabeza de esa repugnante criatura una hacha del tamaño de una cabeza de jabalí. El hacha dibuja un gran arco en el cielo nocturno y…

Jordi ve pasar de nuevo a Jose por su lado. Camina tranquilamente y lleva algo en sus manos. Es grande pero no acaba de ver bien que puede ser. En ese momento la oscuridad es casi total en la sala y por mucho que lo intente no puede intuir de qué se trata. En ese momento el individuo del móvil vuelve a encenderlo. Desde que Jose se había ausentado casi no lo había dejado de mirar. Jordi entonces ve lo que Jose lleva. Es un cubo enorme de palomitas. Observa como su amigo le arranca el móvil de las manos y lo introduce en el cubo. Se escucha un ligero chapoteo.

Justo en el mismo instante en que la chica suelta un grito de histeria contenida, el individuo del móvil se levanta y grita por encima de todo sonido posible:

- Mi iphone!!!!!!!!!!!!!!!!

Parece poseído, como en trance. Incluso Jordi cree ver a Jose sobresaltado por la reacción. No deja de gritar. No deja de repetir las mismas dos palabras mientras mira el cubo que Jose sigue teniendo en sus manos. Mi iphone, mi iphone, mi iphone. Sigue con la mirada fija en el cubo de palomitas que Jose ha llenado de agua y en el que ha depositado su móvil. Alguna personas se han levantado y se oyen voces de gente quejándose. No saben que pasa y se levantan extrañados. El individuo sigue gritando descontroladamente y no parece que haya nada que pueda calmarlo. Jose alza ligeramente el cubo y observa como el sujeto no aparta la vista de el. Lo mueve de un lado a otro como la pelota que se ofrece a un gato para jugar. En ese momento se encienden las luces de la sala, la proyección se detiene. Se pueden ver a varias personas de pie mirando molestas en dirección donde se sigue gritando “mi iphone”. Jose al ver que son observados le ofrece el cubo al propietario del móvil y le acaricia el pelo. Le viene a la mente las caricias que suele hacerle al perro de su hermana.

Mientras se gira para dirigirse a su asiento el pobre individuo que parece estar en trance balbucea alguna cosa. No se le entiende demasiado bien. Repite lo que intenta comunicar. Jordi logra entenderlo tras varios intentos.

- Mi-mi mi iphone. Me-me ha ha roto mi-mi iphone. - parecen observar lágrimas resbalando por sus mejillas.

Varias personas se han acercado. Miran perplejos la escena y boquiabiertos a ese pobre desgraciado.- Le han roto el iphone - Se oye decir a un chico. - ¿El iphone? - Pregunta una mujer de unos cuarenta y tantos años que está en una de las filas de delante. -¿El iphone? - Se empieza a oír la pregunta de forma generalizada en la sala mientras poco a poco los presentes se van levantado. Cada vez son más los que están de pie.

- Ese tío le ha roto el iphone - grita el chico joven. - Le ha roto el iphone!!! - levantando enérgico el brazo para señalar a Jose que estaba volviendo hacia la butaca.

Jose se gira y mira incrédulo al chico. Observa a toda esa gente de pie y ve sus rostros anómalos. Contienen una ira fuera de lo normal, intuye que nada bueno va a pasar.

- Vamos!!! - Le grita a Jordi que reacciona de forma casi automática y agarrando la bolsa de entre los pies corren hacia la salida. En ese momento un tipo enorme, de unos ciento cuarenta kilos y casi dos metros de altura les cierra el pasillo. Parece producto de gimnasio y más de una y dos inyecciones ilegales. Poseído y mirándolos a los ojos repite incansable - Le has roto el iphone. Le has roto el iphone. Le has roto el iphone. Jose, que va algo más adelantado, gira veloz (todo lo veloz que su falta de actividad física le permite) y se dirige a los lavabos. - Corre!! - Le grita con la respiración entrecortada a Jordi. Perciben como detrás de ellos se mueve una masa encolerizada, poseída que grita al unísono lo que parece ser la palabra iphone, iphone, iphone. Les están persiguiendo, quieren darles caza y están perdidos, no tienen escapatoria, la única salida de la sala se la había cerrado esa masa enorme de carne.

No saben cómo consiguen llegar a los lavabos y encerrarse. Al instante la puerta empieza a ser aporreada con fuerza. El ruido es ensordecedor. Esa puerta no durará demasiado cerrada si siguen con esos golpes.

- Joder tío - la cara de Jordi es un poema.

- Estamos jodidos sí - sonríe Jose con poca convicción.

- Tendremos que salir ahí e intentar - en ese mismo instante el filo de una hacha atraviesa la puerta. Los dos saltan gritando aterrorizados.

- Te voy a desollar!!!! - se oye una voz fuera de sí al otro lado de la puerta. La siguen vítores de éxtasis.

Jose y Jordi se miran desolados, parece que asumen la tragédia. De repente Jordi ve en cara de Jose cierta esperanza.

- Dame la tablet.

- Pe pero - mientras Jordi parece perplejo por la petición de su amigo saca la tablet de la bolsa y se la acerca.

El tipo de casi dos metros observa como el propietario del iphone sacrificado levanta una y otra vez el hacha golpeando la puerta. El ritmo es frenético, acompasado, casi hipnótico, pero la puerta no parece ceder. Los cortes son profundos y atraviesan toda la puerta, pero son solo cortes que no les permiten atravesar y desgarrar el cuerpo del sacrílego. El grandullón se acerca y agarra el puño que sostiene el hacha. - Déjame a mí - dice con una voz gutural que parece surgir de ultratumba. Gira el hacha por la parte en la que la hoja es totalmente plana y la levanta en un gran arco por encima de todas las cabezas ahí presentes. Los brazo se tensionan mostrando todos los tendones y venas. Tendones que muchos de los  presentes no sabían de su existencia hasta el momento. Justo en el momento en que parece que el hacha bajará, con suficiente fuerza para destruir una pared, la puerta del lavabo se abre lentamente. Con un movimiento lento pero continuo la puerta se va abriendo poco a poco hacia dentro.   

El semblante de la masa encolerizada cambia drásticamente. La calma parece apoderarse de todos los presentes, incluso hay ojos emocionados que empiezan a producir más lágrimas de lo estrictamente biológico. Se va abriendo un pasillo de entre los presentes a medida que Jose y Jordi salen del lavabo caminando lentamente. El pasillo se abre a ritmo de sus pasos, como el mar rojo delante de Moises. Los ahí presentes están en trance pero en esta ocasión de calma total. Han dejado atrás ese estado encolerizado que había hecho peligrar la integridad física de los dos amigos. Jose camina delante de Jordi agarrando con una mano la tablet a la altura  de la cara. Todos los presentes miran la pantalla cautivados, lo que ven sus ojos es maravilloso. La imagen de Steve Jobs ocupa toda la pantalla, una vez detrás de otra va sonriendo.

Por sorpresa para Jordi, Jose se dirige hacia el escenario que hay justo delante de la gran pantalla de cine. Donde se suelen hacer las presentaciones antes de las proyecciones. Jordi observa cómo la muchedumbre que hace un momento los querían destrozar siguen hipnotizados a su amigo. Una vez arriba del escenario Jose levanta las manos saludando a los presentes. El silencio es absoluto, todo es expectación. Jose señala a la sala de proyecciones y chasquea los dedos. Se apagan las luces y un foco de luz se centra en él, se oyen exclamaciones de admiración. La cara de Steve Jobs sigue sonriendo interminablemente.

 

Diario Regional de Vilanova i la Geltrú 14 de octubre de 2017

Steve Jobs sigue vivo:

Varios espectadores del Festival Internacional de cinema fantàstic de Catalunya aseguraron haber visto a Steve Jobs en la sala Retiro durante una de las proyecciones del pasado viernes día 13 de octubre. Fueron varios los testimonios que certificaron la presencia del que fuera presidente de la multinacional Apple. Aseguraron a varios medios que antes de desaparecer, Jobs se dirigió a ellos para decirles literalmente: “Soy hijo del mal y sodomizaré a vuestros hijos y a vuestras mascotas”.