Actualmente, con el predominio de las películas de animación digital en tres dimensiones, parece difícil encontrar una película como esta. Siete años ha tardado Hiroyuki Okiura y su equipo en terminar esta joya del anime más clásico. Nos encontramos ante una verdadera obra de arte, dibujada a mano y con una tierna historia que mezcla realidad y fantasía, que recuerda en muchas ocasiones a otro clásico como es “Mi vecino Totoro”. A parte de una producción y realización impecable, la historia está bien trabajada, donde comedia, drama y fantasía se mezclan en su justa medida creando una atmósfera que nos recuerda muchísimo a los clásicos del Studio Ghibli. Recomendable para todos.
En Sitges este film creó mucha expectación y, en general, no decepcionó. Personalmente debo agradecer que películas como A Letter to Momo demuestren que el cine de animación clásico, hecho a mano y en dos dimensiones, puede seguir emocionando al público, dejando patente que este genero sigue teniendo cuerda para rato. Hoy en día, donde predomina la acción y los argumentos superficiales debemos congratularnos con historias en cierto modo intimistas y bellas como esta, que no dejará indiferente a nadie, independientemente de la edad que se tenga.