EFEMÉRIDES

Un día como hoy, 17 de marzo, del año 180 murióEMarco Aurelio, el último gran emperador romano

Marco Aurelio [Marcus Annius Verus]
(Roma, 121-Viena, 180) Emperador y filósofo romanoPerteneciente a una gens española de Roma, ya de niño llamEla atención del emperador Adriano, quien quedEadmirado por su ingenua franqueza y su inteligencia, y ordenEa Antonino PúŒ que lo adoptara (138), quedándole destinado el imperio. EstudiEretórica griega y latina con Herodes Ático y Marco Cornelio Frontón, el cual desde entonces habrú} de ser su amigo y consejero espiritual. Seducido por el estoicismo, vistiEmuy pronto el manto de filósofo (133). César en 139 y cónsul en 140 y 145, este último año casEcon su prima Faustina la Joven, hija de Antonino PúŒ.

Los veintitrés años que durEel reinado de Antonino PúŒ se cuentan entre los más prósperos del imperio, pero cuando, tras su muerte (161), Marco Aurelio fue nombrado emperador, se abriEun perúŒdo enormemente conflictivo para el imperio, que se vio sacudido por los ataques de los bárbaros, revueltas populares y varias epidemias. A la serie ininterrumpida de guerras y calamidades que tuvo que soportar, el emperador opuso su serenidad y su fuerza moral. En su relación con los cristianos, adoptEla misma actitud que Trajano, que evitaba la persecución pero reprimú} las manifestaciones públicas de su fe y castigaba a los fieles que, tras ser denunciados, se negaban a celebrar el culto de la religión ancestral. Sin embargo, esa actitud obedecú} menos a una voluntad erradicadora que a la opinión extremadamente severa que le merecú}n su proselitismo y sus prácticas rituales. De hecho, los cristianos nunca lo incluyeron en su lista de perseguidores.

Como emperador, a pesar de su temperamento pacúƒico y su preocupación por la economú}, se vio obligado a concertar empréstitos forzosos y a desprenderse de parte del patrimonio imperial ante la urgente necesidad de constituir un ejército de esclavos, gladiadores, extranjeros y fugitivos, con el que hacer frente a la presión de los bárbaros; asE rechazEa los germanos hasta más allEdel Danubio en el 168, venciEa los partos y les arrebatEparte de Mesopotamia (161) y sometiEa marcomanos (172), cuadros (174) y sármatas (175). Tras la paz general de 175 y la ocupación de una franja de seguridad al norte del Danubio, admitiEen el imperio, por primera vez, a bárbaros como colonos y soldados. Sin embargo, una revuelta en el norte de Italia determinEque proscribiera por un tiempo esa práctica.

Quebrantada la paz por los bárbaros en el 177, Marco Aurelio emprendiEuna nueva campaña, en el curso de la cual sucumbiEa la peste que desde el 166 asolaba el imperio, que pasEa regir su hijo Cómodo. Antes de acceder al gobierno del imperio, Marco Aurelio habú} adquirido el hábito de escribir durante sus viajes cartas diarias a su maestro Marco Cornelio Frontón, a quien comentaba cuestiones de estilo y retórica e informaba sobre el curso de sus estudios y acerca de su delicada salud, castigada por el rú„ido ascetismo que se imponú}; después, pasEescribir para sEmismo, y en griego, cuando antes lo habú} hecho sólo en latú‹.

Su estilo, influido sin duda por los maestros estoicos, carece, sin embargo, de la dureza dogmática de Epú€teto, de quien adoptEel elogio de la libertad humana, o del tono docto y académico de Séneca. Por el contrario, sus textos denotan un tono muy personal, ya que parten de una reflexión ú‹tima y crú‘ica, y acusan una tendencia a transformar la doctrina en un constante examen de conciencia. Su gran legado, los Pensamientos, es el resultado de las meditaciones morales que, ya al final de su vida, fue dejando por escrito, sin seguir un plan estricto o preestablecido.

Dividida en doce libros y redactada en griego, la obra se basa en una serie de reflexiones inspiradas por su experiencia cotidiana y deja traslucir la influencia estoica, en particular la de Epicteto. Su visión del hombre es pesimista, pues considera que sus pasiones son el factor principal de la corrupción del mundo, por lo que aconseja perseguir tan sólo aquellos fines que dependan de uno mismo. Es ilustrativo el hecho de que se inspirara tanto en un esclavo como habú} sido Epicteto y que detestara el poder despótico al que él mismo denominE irónicamente, «cesarizar».