Festival Sitges 2015: Así lo vivimos

Me duele en el alma pero un año más nuestro querido festival ha llegado a su fin. Lo primero que quiero hacer es felicitar a la organización. Independientemente de las críticas que se reciben y se recibirán año tras año, la organización ha sido todo un éxito. Se va mejorando edición tras edición como debe ser. Como siempre digo destruir es gratuito y lo más sencillo, y de eso en este país sabemos mucho. Construir y hacer que algo funcione ya es otra cosa más compleja y requiere de un esfuerzo que, en este nuestro país, más de uno ni conoce. Así que de nuevo felicitar y agradecer a la organización del festival el estupendo trabajo para hacer que este año todo haya funcionado de la mejor manera. Han habido pequeños retrasos, un apagón que nada tuvo que ver con la organización, goteras y butacas que piden a gritos una renovación, pero todo y eso, el festival ha sido de nuevo en su conjunto un total éxito. 

Acierto. La reactivación de la sala Tramuntana que ha permitido tener más pases de las películas (ya sería la reshostia conseguir de alguna manera una cierta inclinación para evitar ver las películas a través de los perfiles capilares de los asistentes pero entendemos que no debe ser fácil).

Equivocación. Los tenderetes de comida que podíamos encontrar alrededor del Auditori. Precios desorbitados para tapas de alta cocina (eso decían en las colas) que creo que no es lo que necesitamos los que estamos viendo una película tras otra. Da la sensación que se quieran aprovechar del hecho de encontrarse lejos del centro con precios elevados en comparación a la oferta que se puede encontrar en el pueblo. Creo que por la gente que se pudo ver en estos foodtrucks el año que viene pocos veremos (aunque nunca se sabe).

Destacar y agradecer en especial la gran mejora para los acreditados de prensa referente a la gestión de los tickets. El hecho de no tener que ir a buscarlos a taquilla se agradece enormemente. Un gran avance que nos ha permitido comernos el bocadillo entre cola y cola con algo más de tranquilidad. Los que hemos vivido el hecho de estar pendiente de cuando ir a buscar los tickets, sabemos que era algo tremendamente tedioso y un gran atraso. Muchas veces ocasionaba tener que dejar de ver algún pase por las colas interminables en las que te veías inmerso. Considero que ha sido un gran acierto y hay que agradecer y felicitar a los responsables. Todos esperábamos que el sistema electrónico fallará constantemente pero hay que decir que no vi ningún  fallo en todo el festival. Me comentaron que en algún pase si que tuvieron problemas de lentitud a la hora de leer los códigos pero creo que era más desconocimiento de un uso correcto que otra cosa. Problemas de memoria llena se llegó a oír en ciertos momentos jajajajajaja. Por lo visto aprendieron a usar los cacharros correctamente y problemas zero. (Si alguien vivió o experimento problemas por favor que hable o calle para siempre jajajajajajaja). 

La segunda cosa que no puedo pasar por alto y que ha quedado reflejada en nuestra cuenta de Twitter durante el festival, es la tremenda irrespetuosidad en general que se ha respirado en la mayoría de los pases de las películas. Parece ser que la mala educación ya es un hecho mayoritario y característico de nuestra sociedad actual. Puedo afirmar que no ha existido pase alguno que cada quince minutos no se haya visto interrumpido por el fogonazo de luz de algún smartphone.  Por lo visto, propiedad de alguien que recibía mensajes lo suficientemente importantes para la continuidad de la existencia humana. Por suerte dicho receptor de tan importantes mensajes realizaba el tremendo esfuerzo y sacrificio de contestar y gestionar, con pausa y tranquilidad, la heroica tarea de salvarnos a todos. Y no teniendo suficiente con contestar mensajes instantáneos que iban recibiendo, también cohabitamos con una cierta especie que usaba la pantalla del móvil para iluminar la libreta donde tomaba notas, se supone de la película que era imposible que estuviera viendo porque segundos antes estaba ocupado contestando tan importantes mensajes. Como el hábil lector habrá podido deducir los allí presentes que realmente queríamos ver la película entrabamos en una contradicción interior difícil de gestionar. Por un lado nos invadía unas inmensas ganas de hacerles daño. Por otra, sólo podemos agradecerles tamaño sacrificio de salvar a la humanidad. Sin ellos nuestra existencia estaría perdida.

Dejando de lado el humor (nada mejor para poder sobrellevar la indignación que provoca tan inmensa mala educación) aconsejaré que, por favor, si tienes una enfermedad de adicción a las nuevas tecnologías, que te impide dejar de mirar una pantalla retroiluminada durante dos horas Uno, busca tratamiento, tienes un serio problema. Dos, y el punto más importante, haz un favor a todos los  demás espectadores y no entres a una sala de cine. Si por lo contrario esos mensajes son realmente tan importantes, supongamos por ejemplo  que tu hija ha sido secuestrada por un asesino en serie, o incluso te solicitan el código para poder desactivar una bomba nuclear, que tú, un periodista de un archiconocido periódico (en tu mente claro), eres el único conocedor, o alguien quiere matarte y tienes que ir dando señales de vida a tus guardaespaldas para que no sufran por ti, o ir introduciendo un código para que una bomba que construiste y no sabes cómo desactivar, porque estás preso de una enajenación pasajera, no explote. Si incluso todo eso fuera cierto. Por favor, no entres en el cine. Cosas mejores tendrás que hacer entonces cómo perder tu preciado tiempo MOLESTANDO A LOS DEMÁS.  

No me quiero extender demasiado en este tema pero, y espero equivocarme, si  las cosas siguen  así, algún día tendremos algún episodio desagradable. Por triste norma este tipo de personas irrespetuosas son excelentes provocadoras. Y solo faltará que se crucen con alguien que tenga un mal momento y ya tendremos el episodio que nadie desearía tener. Lo realmente decepcionante es que, este tipo de gente, incluso si leyeran estas líneas, no dejarían de actuar como lo hacen. Esperemos que de alguna manera, no se como, se vayan concienciando que no están solos en el mundo y aprendan a respetar a los demás. Si os acordàis el año pasado ya destaqué este triste asunto de la falta de respeto. Por lo visto la cosa no parece mejorar, todo lo contrario.

Por si fuera poco, a parte de los adictos a las pantallas retroiluminadas, dentro de las salas, una vez la luces se han apagado y el pase ha empezado, también tuvimos la enorme suerte de encontrar esa extraña especie de homínidos, por lo visto carentes de libertad de expresión en sus respectivas casas, que se dedican a realizar comentarios, que en sus mentes creen graciosos y dignos de compartir. Recuerdo que hace años en los maratones era gracioso. Estábamos viendo películas de serie z que ya incitaban a la broma colectiva y saltaba alguien con un comentario ocurrente que hacía estallar las carcajadas de todas la sala. Pero era un comentario, nada más. El locuaz creador no seguía con sus intervenciones. Y creerme cuando digo que al menos en  esas ocasiones los comentarios eran ocurrentes y graciosos. No es el caso que estoy comentando. Los comentarios no son graciosos y el ocasional orador no tiene suficiente con un comentario no gracioso sino que insiste y sigue obsequiando a los allí presentes con su falta de gracia. En fin, otro hecho más que olvidar y desear que poco a poco se vaya dejando de practicar, aunque tengo mis dudas. Es difícil imaginar, con la que está cayendo y viendo el nivel en general que nos rodea, que la cosa vaya a mejorar.  

Siento el rollo pero es la única manera de desahogarse de algo que durante todo el festival me ha molestado sobremanera. Al menos podemos destacar que este año no he sido testigo de la enorme estupidez, que sí que vivimos el año pasado, de realizar fotos con flash en medio de las proyecciones. Si os leísteis mi artículo del año pasado os acordaréis que destaqué tal intelectual tarea. Como ya dijo un sabio, la estupidez humana es infinita. Preocupantemente la paciencia no, añadiría.  

Vayamos a lo que realmente nos interesa a todos y que no es otra cosa que el cine y las películas. Este año pude asistir al pase de 43 películas y puedo afirmar que el nivel en general del festival ha sido muy bueno. Me voy con buen sabor de boca. Que las cosas se hacen bien se ve en la asistencia de público, en los pases llenos, en las entradas agotadas. Podríamos hablar largo y tendido de decisiones que hace un tiempo a muchos no gustaron pero que a día de hoy han quedado demostradas como decisiones acertadas.

Como ya hice el año pasado ahora os dejaré una tabla con las puntuaciones del uno al cinco para todas las películas que pude ver. El tema de las puntuaciones tiene sus detractores. Creo que simplificar numéricamente todo lo que conlleva una película es un tema algo delicado. Pero también es verdad que en el mundo en el que vivimos todo se cuantifica y dichas puntuaciones solo deben servir de guía rápida para hacerse una idea de la película en cuestión. Todos los demás matices a valorar requerirían de un algoritmo más complejo que la simple valoración numérica de alguien como yo. Al igual que nunca he defendido el concepto crítica, soy más partidario de hablar de opinión. Pero también es cierto que el público en general busca por críticas y no por opiniones. Quizás sea cierto que la gente busca la lapidación como divertimento y que el ser humano sea malo por naturaleza.

El año pasado también inauguré lo que pasaremos a llamar el Top y el Top Container del festival. Creo que es una buena idea para hacer una aproximación a lo que viví esos días.

Las tres películas que destacaría en positivo, las que formarían mi Top de esta edición serían las siguientes:

Hay otras películas que me han encantado y que estarían de forma merecida en este top. Me vienen a la cabeza la excelente La próxima vez apuntaré al corazón (La prochaine fois je viserai le coeur) con el papel exquisito de Guillaume Canet. La tremendamente alocada Turbo Kid. La sorprendente y turbadora Baskin. La divertida y políticamente incorrecta Le tout noveau testament. La sencilla y magnífica The Survivalist. La genial Assassination. Todas ellas merecen especial mención. 

En contraposición a las películas destacadas tendríamos las que no recomendaría ni a mi peor enemigo. Esas películas que me han hecho incluso perder los nervios.

Como ha pasado con las películas a destacar aquí también nos hemos dejado algunas auténticas candidatas al Top Container. Podríamos hablar de la decepcionante Ataque a los Titanes, tanto la primera como la segunda parte es un ejercicio de mal gusto. Recuerdo que todos hacíamos la gracia de “seguro que la segunda es la buena”. Y no, no lo fue. The Shelter, ese telefilm totalmente obviable donde Michael Paré nos muestra la decadencia física de la vejez. La insípida February, la caótica Helios, la espeluznantemente mala Brand new-U. O incluso la película de clausura Into the forest, un grito a las más estúpidas decisiones que un ser humano puede tomar. 

En definitiva un sin fin de opiniones, gustos y placeres que conforman el ver cine. Un sin fin de acuerdos y desacuerdos capaces de generar esas conversaciones que tanto nos gustan los que amamos el cine. Para otros, discusiones, para mí conversaciones interesantes. Como una película que para ti es una de las mierdas más grandes que hayas podido ver puede generar el sentimiento totalmente adverso en otra persona. ¿Drogas? ¿Sabiduría? ¿Postureo? ¿Pantomima? ¿Imbecilidad? Dependiendo de quién y del cómo, una u otra cosa.

Así es como viví esta 48 edición de Sitges 2015,  Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya y aunque acabé agotado, ya estoy deseando que llegue octubre de 2016 para disfrutar de la 49 edición.