CRÍTICA SITGES 2018: Burning

Vamos a hablar de la última película de Lee Chang-dong, uno de los grandes directores surcoreanos del cine de autor. Aunque no es un director muy prolífico, 6 películas en 20 años de carrera, los entendidos en la materia afirman que no tiene película mala. Y cierto es que entre sus películas encontramos verdaderas joyas del cine independiente como Oasis o Poesía.

Esta cinta está inspirada en un relato de Haruki Murakami, “Quemar graneros”, incluido en el libro “El elefante desaparece”, primera edición en castellano publicada por la editorial Tusquets en 2013. Pues bien, Chang-dong ha creado, a partir de un relato de 20 páginas, un largometraje de dos horas y media aproximadamente. Sí, has leído bien, dos horas y media de película a partir de un cuento de 20 páginas. Este hecho que en principio puede parecer algo negativo en la valoración del resultado final, una vez visualizada esta cinta, constataremos que no se trata nada más que de prejuicios.

Burning

punt4

Ambientada en el presente, la película relata las relaciones cada vez más complicadas entre tres personajes cuyas vidas se ven envueltas trágicamente cuando el deseo cede a la ira. La historia, que empieza siendo un drama romántico, termina siendo un thriller de misterio donde alguien desaparece y alguien más trata de averiguar por qué.

La gran mayoría de la prensa especializada ha coincidido en que una de las escenas más bellas de la película, y quizás del cine de los últimos años, llega a la mitad del metraje de Burning. Los tres protagonistas, dos hombres y una mujer, descansan fuera de casa. Se encuentran en el campo, cerca de la frontera de Corea del Norte, donde el ruido de la propaganda sale de los altavoces colocados a lo largo de toda la frontera. La acción se sitúa en el ocaso, con una luz cálida y aterciopelada, suena de fondo la trompeta de Miles Davis, y la mujer empieza a bailar, quitándose la camisa. Ella baila para los dos hombres, pero sobre todo baila en lo que siente como una comunión entre ella y el mundo.

Burning

La historia empieza con Jongsu, quien se encuentra con una antigua amiga y vecina, Haemi, la cual trabaja realizando campañas de publicidad en tiendas de la ciudad. A pesar de su aparente indiferencia hacia Haemi, Jongsu responde a su amabilidad y en un breve período de tiempo entablan una relación sentimental. Esta relación se ve truncada cuando ella le comunica que se va de viaje a África. Cuando ella regresa de Kenia, le presenta a Ben (Steven Yeun), un chico rico y enigmático. Los tres forman un triángulo amoroso incómodo.

Aunque la cinta es un poco larga para mi gusto, dos horas y media, la historia nos atrapa y nos sumerge en el universo de los personajes. Una historia real, con toques sutiles de fantasía que discurre pausadamente hacia la transición entre el drama y el thriller con toques de obsesión. Una truculenta historia narrada de forma bella y elegante, con cariño. Se nota el amor y dedicación que ha puesto Chang-dong en esta cinta.