CRÍTICA SITGES 2014: ONE ON ONE

Una niña de la escuela secundaria es brutalmente asesinada. Uno de los siete hombres responsable del asesinato de la chica es secuestrado en su camino a casa por unos soldados altamente entrenados. Éste es torturado y obligado a escribir una confesión del asesinato, a continuación, queda en libertad. Lamentando que una vez había creído ser invencible, el hombre sufre de los terrores que ahora lo dominan. Sin embargo, más tarde se entera de que otros implicados en el caso de asesinato también han sido secuestrados, torturados, e incluso algunos se han suicidado. De este modo, llega a sospechar que las personas que lo secuestraron no son lo que parecen. De este modo, el hombre sigue de cerca a la próxima víctima y descubre la guarida de sus secuestradores.

One on One

Cuando se le pregunta a Kim Ki-duk los motivos que le han llevado a realizar esta película, este nos responde: "Pensé en todas las personas que viven actualmente en la República de Corea, incluido yo mismo, que están viviendo en un estado de indigestión. No es necesario mencionar un caso concreto, simplemente el sinnúmero de eventos traumáticos que siguen escandalizandonos día a día. En medio de todo esto, respondo a mi propia pregunta: ¿quién soy yo? ¿Qué papel estoy viviendo?".

Como viene siendo habitual, se trata de una película de ritmo pausado y escenas duras características de este director. Aunque, a mi parecer, se encuentra lejos de la belleza, tanto visual como intelectual de anteriores trabajos, esta cinta trata diversos aspectos de interesante reflexión. Por un lado, una profunda crítica social y política de su Corea natal. Algunos de los protagonistas representan la cara mas dura de la sociedad coreana, hombres que lo han perdido todo y viven en la indigencia, jóvenes muy bien preparados que no tienen oportunidades reales para crecer y prosperar y mujeres maltratadas por una sociedad marcadamente machista. 

One on One

Por otro lado, se trata otro tema más universal y quizás más relevante, la venganza y la justicia. En un primer momento, es fácil posicionarse del lado de los que claman venganza y justicia y que actúan a favor de la verdad y de lo que es correcto. Pero a medida que van pasando los minutos, la violencia se hace mucho mas patente en todos sus actos, llegando un momento en los que, como espectadores, tendremos dudas de si los culpables han pasado a ser víctimas y las víctimas han dejado de serlo para convertirse en verdugos. Al final, entramos en una espiral de violencia que genera más violencia y donde ya no hay buenos y malos.

Tal y como afirma el propio director, "todos los 14 personajes en esta película revelan sus propios pensamientos, y yo quería preguntar ¿Quién soy yo? al final. Expresan diferentes creencias entre sí, pero en vez de juzgar si están bien o mal, yo sólo quería expresar, ¿Qué parte de mí se puede identificar con los 7 Sombras y los 7 sospechosos?. Podemos ser delincuentes y víctimas al mismo tiempo, o ser como todos los 14 protagonistas a la vez. Quería preguntarle estas cosas a los espectadores, y tirar con calma la pregunta al final. Tal vez la pregunta podría ser una oportunidad para diagnosticarnos a nosotros mismos viviendo en esta era".