CRÍTICA SITGES 2012: THE WALL

Seguro que más de una vez después de una comilona habéis sufrido una digestión pesada y desagradable. Pues podríamos decir que durante y después del visionado de The Wall sentí una sensación parecida. El problema es que al menos en una comilona uno disfruta comiendo como un poseso y saborea con ansias cada trozo de comida que se lleva a la boca. Con The Wall no podemos decir precisamente lo mismo. En algunos momentos de la película desearías que la protagonista se callara. Solo eso, que se callara. Incluso en algunos momentos desearías que se muriera.

The Wall - Festival Sitges

Creo que más de uno y de dos espectadores, durante el pase, deseó que apareciera un ser de otro planeta y descuartizara esa voz monótona e irritable, que iba perforando el cerebro del inocente espectador. Y nunca mejor dicho, inocente espectador, porque dudo mucho que ninguno de los presentes esperara tan esperpéntico  espectáculo. Si el objetivo de la película era llevar la paciencia a su máxima expresión lo consiguió con creces. 

Martina Gedeck (la protagonista, por quien no tenga el gusto de conocerla: un presente) es capaz de sacar lo mejor de nosotros. La transformación de muchos de los asistentes que tuve la suerte de experimentar fue digna de estudio. La paciencia tiene un límite y esta película sirve precisamente para eso, para darse cuenta que ese límite puede ser fácilmente alcanzado.

Antes de que penséis que solo hago que escupir veneno os diré que el principio de la película es prometedor. El argumento que se podía leer en las previas también lo era (algo que como todos sabemos suele pasar la mayoría de las veces. Todas las películas del festival son de diez según panfletos propagandísticos ;)). Bueno, el caso es que la aparición de un misterioso muro invisible que deja aislada a la protagonista da mucho de si, y promete. Qué queréis que os diga, a mi me parece un argumento lo bastante interesante como para esperar bastante más de lo que al final resultó ser. Quizás lo que más me indigne de la película es que la protagonista no toma decisiones que se puedan catalogar de lógicas en una situación similar. Que sí que sí, que la situación de lógica no tiene nada y que es una película y tal, pero al menos hay que haber unas mínimas reacciones que se puedan catalogar “de” razonables para intentar dar una mínima credibilidad. O al menos es lo que piensa un humilde ignorante. 

Y claro, más ignorante se siente uno cuando las voces expertas hablan del significado real de la película. Esas voces que entenderlas solo está al alcance de mentes privilegiadas y que son como una fuerza desconocida e inalcanzables, incomprendidas para mentes llanas como la mía. Pues bien, depresión. Depresión es la palabra clave. La película es el máximo exponente de la depresión humana. El aislamiento que sufre una persona que padece una depresión profunda incapaz de comunicarse con sus seres más cercanos. Sufriendo un aislamiento que conduce a un mundo como el de la película. Y digo yo.Julian Pölsler - Festival Sitges Si realmente Julian Pölsler, el director (al que podéis ver en al foto, quedaros con su cara eh ;)), quería explicar esta triste enfermedad que mucha gente padece transmitiendo al espectador esta desagradable sensación que provoca ver la película. Hay que reconocer que lo ha conseguido al cien por cien. Pero, ¿era necesario? Es más, que pinta una película así en el Festival de Sitges.

 

Si quieres una experiencia diferente. Si quieres una película que es capaz de provocarte sentimientos de odio hacia su protagonista. Si quieres sufrir una voz monótona que se clava en tu cerebro. Si quieres no entender casi nada de la película. Si quieres reacciones irracionales. Si quieres hechos espontáneos sin explicación. Si quieres todo eso, no lo dudes, tienes que ver The Wall y comentarla con los amigos. No os defraudará. Sin lugar a dudas una película a tener en cuenta como un experimento social que tiene su máxima expresión en la paciencia humana.

The Wall - Festival Sitges