Camino a Sitges 2015 - Miradas

Desde que había entrado en el vagón en Sants no le dejaba de mirar. Se empezaba a sentir incómodo de verdad. Esa mirada tenía algo siniestro, como si quisiera indagar en lo más profundo de su alma. Apartó la vista durante unos instantes, quizás no los suficientes. Al volver a mirar, esos ojos oscuros y profundos seguían observándole, como si no existiera nadie más en todo el vagón que ellos dos. La cara era inmutable, inexpresiva, helada. Por mucho que intentara girar la vista, al volverse esos ojos helados seguían penetrándole el alma.

Mantuvo la vista fija en el suelo durante lo que le pareció una eternidad. Estaba convencido que al volver la mirada se vería liberado de ese mal momento. La música que sonaba en los cascos le despejó por un momento, Far From Heaven de Dream Theater era la candidata para empezar a relajarse de esa inmensa estupidez. Todo había pasado, había sido una tontería sentir ese mal rato por una simple mirada de una maldita niña siniestra. Suficiente tenía la niña por tener esa cara de mierda. Sonrió al imaginar  la cara que debería tener la madre de ese engendro.

Alzó la vista. Todo en calma. La niña ya no estaba. Ya no sentía esos ojos que le perforaban el alma, todo había acabado. Aunque... Algo no acababa de ir bien, todo parecía en calma pero aún notaba esa sensación extraña que le había invadido desde que había entrado en el vagón. Una presencia incómoda, pesada. Una presencia anormal. Empezó a notar una presión en el pecho que se fue intensificando alarmantemente cuando algo le susurro en la oreja con una voz inhumana - Corre - .

Se levantó de un salto aterrorizado. La gente del vagón lo observaban curiosos. Giró en dirección a la voz y se encontró de lleno con esos ojos helados de esa niña aterradora. El corazón se le disparó, el pecho le empezaba a doler cada vez más. Estaba fijamente mirando a los ojos de la niña que parecían haberse apoderado de su voluntad, no podía moverse pero pudo ver claramente como sus labios se movían para decirle de nuevo, con una voz que nada tenía que ver con la voz de una niña,- CORRE. Esta vez era un auténtico grito surgido de lo más profundo de las entrañas de esa criatura con forma de niña. Se le heló la sangre, el corazón le bombeaba a un ritmo que no podía ser bueno. Sentía el pecho a punto de explotar. Notaba un sudor frío por todo el cuerpo. Se incorporó de un salto. Todos los ojos del vagón estaban clavados en él. Los ojos de aquello con forma de niña también. Estaba agarrotado por el miedo pero sus piernas empezaron a responderle y con cierto esfuerzo llegó al lado de una señora gorda y fea que había visto al entrar. La mujer lo miraba con cara de cierto asco. Seguro que pensaba que estaba drogado, que se había tomado alguna droga sintética nueva, de esas que hacen ver dragones rosas. Joder, la mirada de la mujer decía a gritos ni te acerques puto drogata. Le entraron ganas de gritarle con todas sus fuerzas unas cuantas cosas, pero era inútil. Era incapaz de articular palabra. Era como si su voz hubiera dejado de funcionar. Sus cuerdas vocales se habían secado.

Sus movimientos eran torpes y antinaturales, era normal que la gente pensara que era un drogata. Él hubiera sido el primero en pensarlo. Jamás hubiera imaginado estar en esa situación. En un momento relámpago de lucidez incluso le hizo cierta gracia. Era una puta broma de mal gusto. Quizás si que le habían metido algo en el café con leche en esa mierda de bar de la estación. Esos chinos algo oscuro deberían tener. Ahora entendía porque estaban siempre riendo los muy cabrones. O quizás accidentalmente había caído dentro del café un escarabajo radioactivo. Tantos años al lado de las vías del metro y en las profundidades no podía ser bueno. Incluso los chinos de ahí abajo parecían más amarillos de lo normal.

Estaba jodidamente asustado. No podía ser cierto lo que estaba pasando. Era una maldita broma de mal gusto. Su cuerpo parecía no responder, la gente del vagón lo trataba de loco y la maldita niña satánica no dejaba de gritarle CORRE, CORRE, CORRE. Las palabras se le repetían una y otra vez, el corazón le latía cada vez más rápido. Si seguía así algo malo le pasaría. Estaba convencido que su cuerpo no aguantaría bien esa presión sanguínea. Tenía las pulsaciones disparadas. En ese momento le vino a la cabeza como una especie de flash recordando las conversaciones con su amigo Ángel que solo hacía que decirle que se cuidara. Que hiciera algo de ejercicio, que se estaba dejando, que esa barriga no podía ser buena. Que cualquier día petaría. Joder, que le jodan. Puto bastardo. Si lo tuviera delante en esos momentos lo ostiaría.

En serio, no puede ser verdad pensaba mientras intentaba racionalizar lo que estaba sucediendo. Quizás tuviera razón su madre cuando le advertía que todas esas películas le iban a volver loco. Tanta sangre y tanta violencia no podía ser buena, repetía una y otra vez.

Mientras su mente seguía pensando disparates vió como la niña había empezado a caminar de una forma extraña hacía él. Más que caminar se desplazaba, era como si flotara. No se le veían los pies. Llevaba un vestido largo de color oscuro. Parecía viejo, lleno de polvo. Se fijó mejor. Estaba mugriento. Como si lo hubieran sacado del armario de su tatarabuela.

Empezó a sudar. La niña se le acercaba sin apartar la mirada. Por un momento le pareció ver una ligera sonrisa en su cara. Parecía disfrutar con su sufrimiento. En el vagón nadie parecía ver a la niña, todos tenían los ojos puestos en él. Oyó como un grupo de adolescentes se reían y escuchó al que parecía ser el gallito del grupo, el macho alfa en su cabeza hueca, soltar una gracieta sobre el puto friki de mierda. Buff, solo le faltaba oir eso. Que somantas de ostias tenía el niñato.

Fue medicinal. La mala ostia generada por ese niñato pareció haberle despejado la cabeza. Parecía incluso que su ritmo cardíaco iba disminuyendo. Pensaba con algo más de claridad. La niña estaba a unos tres metros y seguía acercándose. Ya no sonreía. Ya no parecía estar disfrutando. Él se serenó. Fijó sus ojos en los de ella y sonrió. Eso pareció no gustar nada a la niña hija del mal. Se paró en seco. Entonces fué cuando él lo entendió. Esa cosa. Llámale niña, llámale ente del pasado con forma de niña y con un armario de ropa muy pasado de moda, se alimentaba de su temor. Se alimentaba del sufrimiento ajeno. Joder, parecía extraído de una novela de Stephen King. Ahora quien se reiría de todos sus conocimientos adquiridos con Doctor Who, X files, el maestro King, La dimensión desconocida, incluso Fringe y un largo etcétera que durante tanto tiempo le nutrieron de esos conocimientos básicos para, llegado el momento, pudiera enfrentarse a fuerzas desconocidas y malignas.

El momento había llegado. Había descubierto que esa cosa con forma de niña se alimentaba de sus miedos. Si se relajaba y se mostraba totalmente tranquilo esa cosa no podría actuar sobre él. Fue controlando la respiración. Incluso se permitió ir mostrando una sonrisa sincera de satisfacción con la situación. Con cada mejora la cosa con forma de niña iba empeorando. La cara de la niña reflejaba indefensión, fragilidad. Ya no tenía nada de terrorífico, más bien parecía un ser angelical. Una pequeña niñita indefensa perdida en un vagón lleno de extraños. Una niñita a la que proteger. Se le acercó y le acarició la cabeza. El pelo estaba áspero como una bayeta de cocina sucia. Ella se acurrucó junto a él. Si alguien les pudiera ver sería testigo de una escena totalmente tierna y conmovedora. Se había creado un vínculo especial entre ellos dos. La sensación ahora era de una total sumisión de esa cosa hacia él. Notaba que tenía control absoluto sobre aquello con forma de niña fea.

Todo había pasado, había vuelto la serenidad a su vida. Se disponía a sentarse tranquilamente como si no hubiera pasado nada. Aunque seguía notando todas las miradas del vagón sobre él.

Le pareció gracioso estar de camino al festival de Sitges y haberse encontrado con eso. Ahora iba de camino con el mejor acompañante posible. Lástima que solo lo pudiera ver él. Con lo que podría llegar a vacilar a sus amigos. En fin, hay cosas que solo puede disfrutar uno y esa era una de ellas.

Aunque hubiera jurado que no había pasado tanto tiempo ya estaban en Castelldefels. Le esperaba una gran semana. Incluso ese año se planteaba incluso mejor teniendo en cuenta a su nueva, nuevo, o lo que fuera de acompañante. Se le dibujó una sonrisa en los labios de satisfacción. Estaba feliz.

-Mirar, ahora se ríe el puto friki de los cojones. Puto mierda. - soltó el macarrilla de turno. El chulito de los chulitos. Le hizo gracia. En otras circunstancias le hubiera molestado, pero en ese momento, le hizo gracia. El niñato se lo había dicho a sus amigotes que echaron a reír sonoramente. Eran un grupo de cuatro chicos y dos chicas. A cual más desperdicio. Los miró sonriendo, de forma amistosa, incluso mostrando algo de lástima por ellos. El chulito mayor cruzó la mirada con la suya y pareció envalentonarse al ver la actitud totalmente relajada de él.

-Sí sí, tú. Das ascazo, puta rata. - como veía que sus amigos no paraban de reír prosiguió su discurso - La gente como tú deberías estar muertos asquerosos. Me cago en toda tu puta familia. Seguro que tu madre es una puerca como tú. - Mientras iba hablando parecía gustarse a sí mismo. Parecía disfrutar con aquello. Cada vez la voz era más alta para que todo el vagón no perdiera detalle de ese vocabulario tan trabajado.

En cambio él estaba tan sumamente tranquilo que parecía que no fuera del todo con él. Estaba en un estado de relajación absoluto que ni siquiera ese niñato, que en otro momento quizás le hubiera hecho perder los papeles, era capaz de alterar. Lentamente alargó una mano para acariciar la esponja reseca que aquello tenía como pelo. La forma de niña pareció agradecer la caricia. Los demás en el vagón vieron como acariciaba el vacío que tenía a su lado. Los macarrillas se echaron a reír de nuevo con algún comentario gracioso que debió soltar el mono de feria de su maltrecho líder.

Bastó una simple mirada entre él y su nueva, nuevo o lo que fuera que ahora era su amigo, para entenderse. Eso con forma de niña se levantó lentamente y se alejó en dirección al macho alfa de esa pandilla de catetos. Éste seguía hablando e insultando, parecía que su repertorio no tenía fin. Estaban sentados de dos en dos. El cateto real estaba mirando en la dirección que llevaba el tren. Se estaba regalando gesticulando exageradamente cada insulto que era capaz de sacar por la boca, algunos mal pronunciados. Parecía que no supiera demasiado bien donde iba el acento de alguno de ellos.

La cosa con forma de niña se le acercó a menos de un metro. El cateto parecía no verla. La cosa alargó el brazo en dirección a la boca del cateto, éste seguía hablando y riendo de esa forma tan desagradable que llevaba rato haciendo. El brazo de la cosa se extendió y su mano fue en dirección a la boca del cateto alfa. Casi al mismo tiempo que la mano se introducía en la boca pareció como si la cosa se hiciera visible para el cateto alfa. Iba a gritar pero la mano de la cosa con forma de niña taponó la salida de aire. Se movía con extremada lentitud pero con una firmeza aterradora. Para aquella cosa parecía algo de lo más normal.

Los primeros que vieron que algo no iba bien fueron los amigotes. El cateto había erguido la espalda y miraba con ojos fuera de sus casillas, tenso como un palo de fregar, en dirección a la cosa con forma de niña que tenía la mano dentro de su boca. Notó como ese ser diabólico agarraba la lengua de ese, ahora lastimero chaval, y procedía a tirar con una fuerza descomunal en dirección a la garganta. Como si quisiera que la lengua entrara en su interior. Todo el vagón podía oír los sonidos guturales que hacía la lengua del pobre cateto, junto a la saliva que era incapaz de engullir ni escupir. El chico se retorcía y empezaba a ponerse rojo como un tomate maduro. Daba saltitos espasmódicos en el asiento mientras las dos chonis que iban con el grupito empezaron a gritar y se apartaron varios metros sin levantar la vista de ese espectáculo. Los otros chicos listos estaban pálidos y no daban crédito de lo que estaban viendo. Se habían quedado clavados en sus asientos.

En esos momentos sintió lástima por aquel estúpido cateto. Hacía un momento hubiera dado lo que fuera por verlo sufrir, pero en esos momento lo único que podía sentir era lástima. Justo cuando su corazón se afligía por aquel pobre desgraciado esa cosa con forma de niña muy fea giró bruscamente para mirarlo. En sus ojos había algo de duda. ¿Qué no era lo que querías? Parecía preguntarle. Él miró de nuevo al cabezacenizero que estaba moviéndose frenéticamente con el brazo casi entero de la niña en la boca. En esos momentos estaba apunto de ordenar que parase cuando uno de los catetos menores gritó con lágrimas en los ojos - Hijos de puuuuuta que no pensáis hacer nada por mi amigo, se está muriendo!!!!

Fue como música para los oídos. Su corazón dejó de sentir lástima al momento y fue como la confirmación para que la cosa con forma de niña muy fea asestara el golpe de gracia. Lentamente su brazo fue introduciéndose más y más dentro del pelopincho. Por lo que llevaba introducido juraría que la lengua de aquel pobre desgraciado estaba a punto de salirle por el culo. Casi no se veía el hombro de la niña hija del mal cuando los espasmos se detuvieron. Parecía que todo había acabado. El poligonero estaba purpura. La niña sacó lentamente el brazo de su interior y éste se desplomó. Si no estaba muerto lo parecía. Las chonis seguían gritando. Los catetos habían empezado a llorar y moquear como críos de 9 años a los que no les compran chuches en el supermercado. La cosa con forma de niña se giró y lentamente volvió a su lado para abrazarle cariñosamente. Habían pasado Garraf y ya quedaba menos para llegar a su destino. Sabía que sería un gran festival de Sitges como cada año pero quizás el de este año, quizás, solo quizás, fuese el mejor.

 

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